La mujer sabia edifica su casa, pero la necia la derriba con sus propias manos.
El que teme al Señor sigue su camino recto, pero el que anda en malos pasos lo desdeña.
Los labios del necio derraman soberbia; los labios de los sabios son su protección.
El testigo verdadero no miente; el testigo falso esparce calumnias.
No te juntes con gente necia, porque nada aprenderás de lo que te digan.
Cada corazón conoce su propia amargura, y ningún extraño participa de su alegría.
El sabio teme a Dios y se aparta del mal, pero el necio se muestra temerario y engreído.
El temor del Señor infunde plena confianza, y da esperanza a nuestros hijos.
El temor del Señor es un manantial de vida, que nos aparta de los lazos de la muerte. (Proverbios 14:1-3, 5, 7, 10, 16, 26, 27 RVC)